La victoria de la izquierda en febrero 1936 fue un pucherazo

13 marzo 2017

La victoria de la izquierda en las elecciones generales de 1936 siempre ha sido una cuestión controvertida. Las elecciones tuvieron lugar en medio de un clima revolucionario, el complejo recuento duro semanas, casi todas las actas de diputado fueron impugnadas, el gobierno se disolvió en medio del recuento y los resultados electorales completos nunca se publicaron.

El entonces presidente de la república, Niceto Alcalá Zamora, declaró más tarde desde el exilio que la victoria de la izquierda se basaba en un pucherazo:

“A pesar de los refuerzos sindicalistas, el “Frente Popular” obtenía solamente un poco más, muy poco, de 200 actas, en un Parlamento de 473 diputados. Resultó la minoría más importante pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia.

Primera etapa: Desde el 17 de febrero, incluso desde la noche del 16, el “Frente Popular”, sin esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación de los resultados, lo que debería haber tenido lugar ante las Juntas Provinciales del Censo en el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden, reclamó el Poder por medio de la violencia. Crisis: algunos Gobernadores Civiles dimitieron. A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los documentos electorales: en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados.

Segunda etapa: Conquistada la mayoría de este modo, fue fácilmente hacerla aplastante. Reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el “Frente Popular” eligió la Comisión de validez de las actas parlamentarias, la que procedió de una manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias donde la oposición resultó victoriosa; se proclamaron diputados a candidatos amigos vencidos. Se expulsaron de las Cortes a varios diputados de las minorías. No se trataba solamente de una ciega pasión sectaria; hacer en la Cámara una convención, aplastar a la oposición y sujetar el grupo menos exaltado del “Frente Popular”. Desde el momento en que la mayoría de izquierdas pudiera prescindir de él, este grupo no era sino el juguete de las peores locuras.

Fue así que las Cortes prepararon dos golpes de estado parlamentarios. Con el primero, se declararon a sí mismas indisolubles durante la duración del mandato presidencial. Con el segundo, me revocaron. El último obstáculo estaba descartado en el camino de la anarquía y de todas las violencias de la guerra civil”.

La izquierda no ganó con el voto popular

Incluso sin discutir la validez de los resultados, de ellos se puede concluir que la izquierda ganó las elecciones de 1936 en términos de diputados conseguidos, pero no en términos de voto popular. En este sentido, la izquierda apenas habría obtenido unos pocos votos más que la derecha, pero la suma de votos del centro y la derecha era claramente superior a la del voto de la izquierda. La mayoría absoluta en diputados de la izquierda no reflejaba en absoluto la composición del voto popular de los españoles. En cuanto al reparto de diputados, con sólo un 0,55% más de votos que la derecha, la izquierda tenía 285 diputados, frente a los 166 de la derecha. Para conocer el resultado, las Juntas Provinciales informaban del recuento a la Central, que lo trasladaba al Congreso. El proceso tuvo lugar, como se ha señalado, con el gobierno dimitido y un vacío de poder. El cómputo final oficial y definitivo debía aparecer en los anuarios estadísticos del año siguiente pero estalló la guerra y nunca se publicó.

El pucherazo

Que la izquierda no obtuvo en 1936 la mayoría absoluta gracias al voto popular, como hemos visto, es un hecho que se deduce incluso de los resultados oficiales. Que la sombra de un pucherazo siempre ha estado ahí también es un hecho, porque hasta Alcála Zamora lo expresó así. Sin embargo, los historiadores Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García han conseguido ir un paso más allá en el libro titulado “1936: Fraude y Violencia”, que acaban de publicar.

Actas con raspaduras y dígitos cambiados, papeletas en sobres abiertos, urnas con más votos que votantes, escrutinios a puerta cerrada sin interventores de la derecha…

Tras consultar todas las actas existentes de los resultados oficiales de las elecciones del 16 de febrero de 1936, los dos historiadores y profesores de la Universidad Rey Juan Carlos, autores del libro, concluyen que los partidos de derechas obtuvieron 700.000 votos más que los de la la izquierda y que al menos el 10% del total de los escaños repartidos (lo que supone más de 50), lo fueron como fruto de una adulteración del resultado. Sin esta adulteración, la izquierda no hubiera ganado realmente las elecciones de 1936.

Para el historiador Stanley Payne, la documentación aportada en el libro desmonta la victoria democrática de la izquierda en la elecciones de 1936 y de este modo uno de los  “grandes mitos políticos del siglo XX”, el de la Segunda República.

Los resultados de la investigación no son de extrañar puesto que no nos encontramos ante unos partidos de trayectoria democrática intachable hasta llegar a las elecciones de 1936, que de repente se vuelven locos y traman un pucherazo. Los partidos de izquierda que se atribuyeron la victoria en esas elecciones habían protagonizado una intentona fallida de golpe de estado en 1934 y sus líderes eran los líderes de esa intentona (Prieto, Largo Caballero, Companys). El programa confeso de los partidos frentepopulistas era la instauración en España de la dictadura del proletariado a semejanza de la URSS. Durante la campaña electoral de 1936 hubo 41 asesinatos y otras 80 personas resultaron heridas de gravedad.

 

Recordarlo todo, asignatura pendiente de la derecha

Reconocer todos los errores y horrores del franquismo no es una asignatura pendiente de la derecha. Prácticamente nadie ya en la derecha deja de reconocer y condenar todos esos errores y son horrores que se llevan exponiendo sin cesar, incluso exagerados, desde hace 40 años. La asignatura pendiente, por el contrario, es que sea la izquierda la que reconozca sus errores y horrores pasados, unos errores que parece que el hecho de haber perdido la guerra le libera de asumir e interiorizar.

 


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