Nacionalismo vasco y marxismo-leninismo – Consideraciones en torno a la naturaleza de ETA

ETA ostenta el dudoso mérito de mantenerse como una de las escasas organizaciones terroristas activas en Europa occidental. Otro grupo, el PCE(r)-GRAPO, también le acompañó durante bastantes años en ese camino, compartiendo con ETA un conjunto de presupuestos ideológicos y estratégicos derivados de la teoría y práctica marxista-leninista en su versión maoísta. Sin embargo, pese a sus mortíferos efectos, nunca alcanzó un apoyo social significativo. Una comparación de la naturaleza de ambas organizaciones, ¿podría proporcionar, acaso, claves para entender la acción política del nacionalismo vasco?

Por José Basaburua Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 70 (mayo) y 71 – 72 (julio – agosto 2003).

  • Un objetivo estratégico: una Euskadi socialista, reunificada y euskaldún.
    Una ideología: el nacionalismo revolucionario, entendido como la concreta praxis del marxismo-leninismo en una nación y un espacio temporal histórico.
    Una técnica: la guerra popular, prolongada y de desgaste.
    Una táctica actual: un frente nacionalista por el soberanismo y la territorialidad.
    Un movimiento social y de masas: el autodenominado Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV).
    Un instrumento político: Batasuna, AuB, Sozialista Abertzaleak, o la denominación que le suceda.
    Una organización líder y de vanguardia: ETA.
    Una dirección transversal, oculta y cohesionada.

Esta es, en resumen, la realidad descriptiva de ETA y el entorno social nacido de su impulso. Pero esta descripción no responde a una cuestión muy importante, de indudables consecuencias prácticas. ETA, por encima de todo, ¿es una organización nacionalista o, por el contrario, es netamente marxista-leninista? Una u otra respuesta puede determinar la política de alianzas entre las diversas fuerzas que se denominan nacionalistas vascas. De tratarse de una organización nacionalista ante todo, nada impide una alianza formal y material con el llamado nacionalismo moderado. De prevalecer unos componentes ideológicos y estratégicos marxista-leninistas, no sería comprensible tal alianza. En definitiva: la parcial coincidencia táctica entre PNV/EA y el brazo político de ETA, en este segundo supuesto, sería contra natura, escapando de toda lógica política.

Retrocedamos unos años en el tiempo. El lehendakari Ardanza reclamaba a la Asamblea Nacional de su partido en febrero de 1996: “nuestro primer objetivo deberá consistir en desenmascarar, ante las propias bases del MLNV y ante toda la sociedad, el auténtico proyecto estratégico de la actual dirección de la Izquierda Abertzale. Su carácter esencialmente revolucionario y anti-sistema, así como su intención manipuladora de la «cuestión nacional», deberán quedar al descubierto. Sería el modo más eficaz de provocar en el MLNV las contradicciones internas necesarias para que el soporte social abertzale del Movimiento comience a cuestionar el proyecto político de la actual dirección y, con él, el sentido y la utilidad de la «lucha armada»”.

De este texto podemos deducir varias conclusiones:

Se califica a ETA de organización esencialmente revolucionaria y antisistema.

Se advierte, con ello, el peligro o perversidad del MLNV; de lo que se deriva la necesidad de combatirlo.

En consecuencia, propone una estrategia concreta frente al MLNV: desenmascarar el proyecto revolucionario de su dirección ante sus propias bases y así cuestionar la utilidad de la lucha armada.

El análisis se realiza desde el nacionalismo: no en vano, los integrantes de ETA manipularían la cuestión nacional. Es el proyecto de nación lo que juzga la conveniencia y adecuación de un movimiento determinado al mismo. ETA, en definitiva, no sería una organización genuinamente nacionalista.

Vemos que, desde entonces, el nacionalismo vasco denominado moderado ha prescindido en la práctica de tales análisis: ha ignorado la clara advertencia de Ardanza por la que afirmaba la peligrosidad intrínseca derivada de la naturaleza marxista-leninista de ETA.

¿Qué ha ocurrido para que se haya dado este cambio?

El cambio del PNV.

Muchas cosas han sucedido desde entonces: Ardanza dejó de ser lehendakari y ante la parálisis del pacto de Ajuria Enea propuso el llamado Plan Ardanza poco antes de finalizar su mandato; se negocia y lanza el pacto de Lizarra; consecuencia de lo anterior se decreta la llamada tregua unilateral de ETA; su ruptura; el éxito electoral del PNV del 13/05/01; el Plan Ibarretxe; nuevo éxito electoral del PNV/EA el pasado día 25/05/03. En cualquier caso, todo ello indica que se ha producido un cambio histórico en la opción táctica del PNV y sus aliados de EA, apostando por la independencia y la secesión a medio plazo, cuando años atrás, se trataba más de un objetivo ideal que una aspiración realista, subordinado al final de la lucha terrorista.

Ahora, por lo tanto, el PNV opta por alcanzar la independencia, pero sin condicionarlo a la desaparición de ETA. Es más. Trata de incorporar a Batasuna a su nueva táctica. Siendo justos, esto no quiere decir que el PNV no siga considerando la necesidad de limitar el espacio político del MNLV y de eliminar, incluso, la violencia de ETA. A tal efecto ha optado por la vía del “vaciamiento electoral” de Batasuna. Y para ello se está sirviendo de los beneficios derivados de su deslegalización, intentando aglutinar la mayor parte del voto abertzale radical, por una parte y, por otra, tratando de proporcionar una alternativa política secesionista que satisfaga a esos miles de votos “prestados” y les impida volver a Batasuna o entidad que le sustituya. En este sentido, el Plan Ibarretxe es la respuesta a esa captación de voto abertzale, habiendo cosechado buenos resultados en los comicios municipales y forales del pasado 25 de mayo.

Sin duda existe un “tira y afloja” entre el PNV y Batasuna: ambos intentan liderar la estrategia nacionalista. No parece que haya un acuerdo previo, por lo que cada una de esas fuerzas intenta arrastrar a su propia táctica, por las buenas o por la fuerza de los hechos, a la otra. El objetivo sería el mismo: la independencia. Pero en el ritmo y los medios no parece que haya acuerdo. El MLNV y Batasuna emplean todo tipo de medios y su opción es una ruptura unilateral e inmediata. El PNV opta por una estrategia gradualista en la que el agotamiento del techo autonómico y la “soberanía compartida” serían fases intermedias tendentes a ese fin último. Pero, en todo caso y consideraciones tácticas al margen, sigue siendo fundamental determinar y esclarecer la verdadera naturaleza de ETA; si bien la evolución descrita parece indicar que, para el PNV/EA, ETA es una organización genuinamente nacionalista.

Para esta labor de discernimiento vamos a mirar a nuestra reciente historia, realizando una cierta comparación de ETA con la organización terrorista marxista-leninista PCE(r)-GRAPO, en un intento de encontrar claves explicativas de esta cuestión.
Organizaciones terroristas en la historia reciente de España.

ETA es la organización terrorista que cuenta con la trayectoria más larga y mortífera de la reciente historia española. Han existido otras (recordemos a los grupos libertarios, Terra Lliure, el FRAP, los grupos armados nacionalistas gallegos, los grupúsculos “ultras”), pero sólo el PCE(r)-GRAPO se le asemeja en longevidad y eficacia; no en vano, ambas organizaciones se vienen enfrentando, al Estado democrático español con las armas en la mano.

Sin embargo, su entidad y arraigo social respectivos apenas son comparables. Los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO), brazo armado de una organización “política”, el Partido Comunista de España (reconstituido), resultaron especialmente graves y mortíferos en los primeros años de la transición española a la democracia. Así, sus acciones de mayor impacto, social y político, fueron los secuestros simultáneos de Oriol y del general Villaescusa en el año 1977.

Aunque primó la “lucha armada”, el PCE(r) también trató de desarrollar en su entorno unas “organizaciones de masas”, como parte de una estrategia que pretendía englobar a diversos sectores sociales en una dinámica revolucionaria, encuadrados en diversos “frentes”: armado, estudiantil, etc. Recordemos, así, a la ODEA (Organización Democrática de Estudiantes Antifascistas), que apenas logró captaciones y que, en realidad, agrupó, bajo ese manto, a los militantes del PCE(r)-GRAPO de la Universidad.

De hecho, la única organización “de masas” que gozó de cierta continuidad fue la -todavía existente- Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos (AFAPP), una entidad constituida a semejanza de Gestoras Pro-Aministía, estructurada en torno a los presos de la organización y que, por propia definición, nunca podría extenderse más allá de su medio humano natural. Otra sección del partido, que gozó de notable relevancia, fue la del “aparato de prensa y propaganda”, capaz de editar durante años, peses a las reiteradas y sucesivas “caídas”, unos medios impresos de notable calidad tipográfica, lo que contribuyó alimentar al “mito GRAPO”. Fue la “lucha armada”, no obstante, la que absorbió la mayor parte de las fuerzas generadas por esa organización, subordinándose todos los demás “brazos” –apenas desarrollados- a las necesidades de la estrategia “acción-represión-acción”.

La ideología del PCE(r)-GRAPO se basaba en una particular interpretación del marxismo-leninismo-maoísmo, adaptada –supuestamente- a la realidad española, si bien llegó a experimentar, en un momento posterior, un efímero “giro pro-soviético”. A su juicio, España era un Estado fascista dominado por una estrecha oligarquía, pese a sus apariencias democráticas, que sólo podía combatirse con la “lucha armada”. Las masas obreras y campesinas, completamente alienadas, anhelarían un partido-vanguardia que liderara la ineludible revolución proletaria. La organización histórica y mayoritaria del tradicional entorno marxista revolucionario, el Partido Comunista de España (PCE), así como los demás grupos comunistas (existían, por entonces, una veintena de ellos así denominados, trotkistas, maoístas, pro-albaneses, marxistas-leninistas); todos errarían en sus diagnósticos y estrategias, siendo rehenes de sus equivocadas interpretaciones del marxismo científico. El PCE(r)–GRAPO consideraba que acatar la legalidad no sólo no facilitaba avanzar hacia el socialismo, sino que lo retardaba, integrando a los comunistas “posibilistas” en el sistema burgués, neutralizándose así su empuje revolucionario. Por ello, esta pequeña organización comunista puso el acento en la lucha armada casi exclusivamente. Transcurridas casi tres décadas desde entonces, el histórico PCE apenas sobrevive, no habiendo alcanzado sus objetivos, diluyéndose en una etérea Izquierda Unida. La inmensa mayoría de grupúsculos marxistas, por su parte, han desaparecido y el PCE(r)–GRAPO, que todavía hoy sobrevive a duras penas, no es comparable al de entonces.
¿Cuál era la base teórica que impulsaba la ciega lucha terrorista de ese puñado de fanáticos?

La Guerra Prolongada y de Desgaste.

Encontramos claves explicativas en diversos libros, de orientación y elaboración muy distintas: Historia del PCE(r) y de los GRAPO (Juan García Martín, Madrid, Contra Canto, 1984), GRAPO: los hijos de Mao (Rafael Gómez Parra, Madrid, Fundamentos, 1991) y De un tiempo y de un país (Pío Moa, Madrid, Ediciones Encuentro, 2002). Pero, para la labor que nos hemos propuesto, nos remitiremos especialmente a los criterios desarrollados en diversos artículos de la revista digital Goiz Argi, de orientación nacionalista vasca moderada, en la que se han publicado, entre otros, agudos y profundos análisis acerca de la naturaleza de ETA y el MLNV. Es el caso de los de Imanol Lizarralde Divídete y vencerás (Nº 19, noviembre de 2001), Tres libros sobre el MLNV (Nº 23, junio de 2002) ¿Qué es el MLNV? – I (Nº 26, marzo de 2003), y ¿Cómo se reorganiza la estrategia del “soberanismo revolucionario” tras el 13 M? (de Joxan Beloqui, Nº 23, junio de 2002).

Estos autores consideran que la base teórica empleada por ETA, durante todos estos años, es la denominada Guerra Prolongada y de Desgaste; una técnica estratégica ideada hace seis décadas por Mao, empleada por decenas de organizaciones de todo el mundo, y reflejada en su texto “Sobre la Guerra Popular y Prolongada” (1942).

A partir de este volumen, especialmente en la década de los 60, numerosos grupos armados hicieron propia la teoría del nacionalismo revolucionario como aplicación del marxismo-leninismo en su respectivo espacio nacional, y la guerra popular y prolongada como técnica de insurrección y combate.

La mayoría de teóricos e impulsores de esos movimientos se encontraron con un dilema estratégico semejante: ¿cómo enfrentarse con posibilidades de éxito a todos los recursos humanos y materiales de los aparatos colonial o estatal? Conforme las reflexiones de Mao, se pretendía implicar a toda la población –quisiera o no- en la lucha (recordemos la llamada “socialización del sufrimiento”), con la pretensión de agotar al enemigo, humana, material y anímicamente, a través de la prolongación de una violencia extrema.

Esta estrategia fue empleada con éxito en China por los comunistas, por el FLN en Argelia, etc. El éxito más espectacular, con todo, fue el alcanzado en Indochina, donde los aliados locales de los norteamericanos fueron derrotados, finalmente, al igual que los propios yanquis.
Esta estrategia no concibe un combate militar clásico. No se trata de derrotar al enemigo en el menor tiempo posible y en un escenario convencional de frentes concretos y posiciones fijas. Aquí el tiempo y el espacio ya no importan, al menos de la misma manera que en las concepciones clásicas. Tampoco sirve la tradicional división entre combatientes y población civil: para el maoísmo, todos están implicados directamente en la lucha. Había que mantener el conflicto durante un largo periodo de tiempo, con el objetivo de desmoralizar al enemigo. Ello implicaba avances y retrocesos que permitieran al movimiento revolucionario consolidarse progresivamente generando, a su vez, una incipiente nueva sociedad en la que política, guerra y revolución fueran conceptos inseparables. Teoría y práctica caminarían juntas de la mano del fusil y su fruto sería una nueva organización social y un nuevo tipo humano.

En definitiva, la acción de ETA respondería a unas concretas pautas teóricas, que habían mostrado su “eficacia” en diversos lugares del mundo, y que también son compartidas, en buena medida, por un PCE(r)–GRAPO que en su origen se caracterizó como una fracción maoísta ortodoxa, dentro de la escisión comunista entre pro-soviéticos y pro-chinos.

La capacidad terrorista del PCE(r)-GRAPO, que se arrastra penosamente hasta hoy mismo, desconcertó a los analistas. No podían comprender su capacidad de regeneración después de las numerosas caídas que afectaron a la mayor parte de sus órganos centrales y comandos operativos. Por ello se acuñó la teoría de la infiltración, ya de la extrema derecha, ya de servicios de información extranjeros. Pero, realmente, tales teorías ¿eran verosímiles? En definitiva, ¿en qué factores radicaba esa sorprendente capacidad de movilización y de regeneración?

El factor “ideología”.

La explicación es mucho más sencilla, que la antes propuesta, y la proporciona el historiador Pío Moa en su libro antes mencionado, donde narra sus peripecias en la extrema izquierda política española y en esa organización concreta. El factor explicativo de este fenómeno es el impacto, en un concreto colectivo humano, de la ideología, entendida como un conjunto explicativo, aparentemente racional, mediante una serie limitada de leyes sociales, económicas e históricas, de toda la realidad y actividad humanas. Ahí radica la diferencia de cualquier ideología con el cristianismo: la ideología interpreta la realidad; el cristianismo la afronta con todos sus factores en juego.

En la presentación del citado libro en el Ateneo de Gijón, realizada hace unos meses, Pío Moa resumía, en tres, las causas del atractivo del marxismo, “además de la avidez de poder y el rencor social por él fomentados”:

Una explicación aparentemente científica de toda la realidad humana. En la nueva sociedad el hombre se desarrollaría plenamente, superando las alienaciones que lo limitaban. El mal radicaría en el exterior del hombre. Eliminado ese mal estructural, se implantaría una nueva sociedad. No obstante, en muchos casos, según el autor, “se creía en la supuesta ciencia porque prometía la utópica sociedad anhelada”.

El carácter épico de una lucha universal contra las fuerzas enemigas del inevitable avance de la humanidad, “una reedición de la lucha de los titanes contra los dioses, el asalto a los cielos, como expresaba agudamente Marx utilizando la mitología griega”. De ese impulso brotaría un “prodigioso empuje de agresión, así como una capacidad asombrosa para mentir, calumniar, desfigurar la realidad, tácticas siempre justificadas en pro del fin grandioso”.

Su éxito práctico: la implantación del comunismo en un tercio del mundo, la derrota de Estados Unidos en Vietnam, la extensión de los movimientos comunistas en todo el mundo…

Desvanecido parte del sueño comunista en los últimos años, sobrevive en Occidente en algunas formas degradadas, influyendo en movimientos tercermundistas, ecologistas, feministas, radicales, antiglobalización…

La violencia del PCE(r)–GRAPO tuvo, por otra parte, algún efecto inesperado: moderó al histórico PCE y a las otras fuerzas marxistas, que buscaron diferenciarse del terrorismo ciego desatado por esa organización que no sólo no logró la ansiada insurrección, sino que generó un profundo rechazo en todos los medios sociales y la opinión pública española.

Algunos medios de comunicación, adoctrinados en muchos casos en esa misma extrema izquierda, en los aledaños del PCE o en un socialismo marxista que ahora nos suena a vetusto, no podían explicarse -no podían aceptar- que esos sanguinarios terroristas procedieran de sus mismas factorías intelectuales, del mismo humus humano e ideológico. Por ello, para justificarse, inventaron esas exóticas teorías acerca del origen e impulso del PCE(r)-GRAPO. Pese a tales intentos, la explicación era bastante sencilla, existiendo otros muchos casos similares en la historia: un grupo humano se movilizó impulsado por una lectura muy particular del marxismo, persiguiendo una sociedad utópica al igual que los demás marxistas y comunistas a lo largo de la historia, sin reparar en medios, costes y sacrificios. De hecho, hoy día, los supervivientes en activo del PCE(r) – GRAPO siguen justificando su existencia con un análisis ideológico puro y duro, alejado de la realidad, en el que repiten los tópicos manejados hace treinta años. Así afirman, todavía hoy y de manera nada realista, que “Claro que no les interesa explicar por qué los GRAPO han permanecido en la brecha durante tanto tiempo y hayan logrado más de una vez poner al Estado contra las cuerdas, pues de lo contrario tendrían que reconocer también, entre otras cosas, primero, la permanencia del régimen fascista y, segundo, la existencia en nuestro país de un partido comunista verdaderamente revolucionario, firme y bien cohesionado, que aplica una línea política justa de resistencia y no escatima ningún apoyo a la organización guerrillera” (Esos “extraños y oscuros GRAPO”, artículo de Antorcha nº 3, junio de 1998, publicación digital próxima a la organización).

El ingrediente nacionalista.

Hemos constatado, con todo lo anterior, la capacidad de seducción de muchas voluntades por parte de las ideologías, por el marxismo en concreto, hasta el sacrificio personal. Pero, creemos, la mera ideología marxista no es explicación suficiente para el arraigo del MLNV en su caso. El PCE(r)-GRAPO nunca alcanzó el éxito del MLNV; no supo desarrollar una “política de masas” que le proporcionara un amplio colchón humano. Por ello, se fue extinguiendo hasta convertirse en un residuo sectario alejado por completo de la realidad, con derivaciones y comportamientos netamente mafiosos.

Pero, la pregunta que podemos y debemos hacernos, es: si PCE(r)–GRAPO y ETA comparten una parte sustancial de sus presupuestos ideológicos y estratégicos, ¿por qué el primero fracasó estrepitosamente y el segundo se consolidó?

ETA, evidentemente, también infectada por el virus de la ideología, es otra cosa. Recordemos sus orígenes. ETA nace en el seno del nacionalismo vasco, se desarrolla en ese común “humus” e incorpora en las décadas siguientes –esa es la razón de su éxito- numerosos ingredientes marxistas y cuantas novedades antisistema le permiten crecer y ensanchar su primitiva base social. ETA, por tanto, no sólo es marxismo. Es, ante todo, nacionalismo vasco, si bien, muy distinto al de sus mayores del PNV. Sin duda, esta tesis no la comparten los autores de Goiz Argi que mencionamos en el artículo anterior. Para ellos, y no sólo en los artículos citados, el MLNV instrumentaliza la cuestión nacional en aras de una estrategia revolucionaria antisistema, similar a la practicada en otros lugares de todo el mundo. Una opinión también asumida entre otros, ya lo hemos visto, por el anterior lehendakari Ardanza.

En el País Vasco, la manifestación específica de la subversión marxista universal, en su vertiente marxista-leninista, sería para Goiz Argi y Ardanza, en definitiva, ETA y su MLNV. Tal organización no sería nacionalista vasca en absoluto, sirviéndose de un barniz nacionalista a efectos puramente tácticos.

Por nuestra parte, y en contra del criterio anterior, creemos que, en ETA y el MLNV, marxismo y nacionalismo se funden en una nueva teoría y práctica, en una organización social completa de nuevo cuño, generadora de un modelo totalitario de vida; una nueva sociedad en germen que avanza consolidando espacios de poder abertzale. Pero, por si hay dudas acerca de su naturaleza íntima, tendremos que remitirnos, además de lo que dicen de sí mismos, lo que dicen de ellos los demás, particularmente, los que se proclaman, por encima de todo, nacionalistas vascos. Y aquí no hay dudas.

Para la mayor parte de los actuales dirigentes del PNV y de EA, el conjunto del MLNV es, ante todo, una expresión más del nacionalismo, otra columna vertebral sobre la que construir la futura nación vasca, aunque mediante técnicas y tácticas dispares. Ese es el criterio de Xavier Arzalluz y la actual dirección jelkide. Y la prueba material de ello es el plan Ibarretxe, concebido como un acuerdo entre nacionalistas, propio de una comunidad nacionalista que intenta configurar una nación. En el libro ETA. El saqueo de Euskadi (José Díaz Herrera e Isabel Durán, Editorial Planeta, Barcelona, noviembre de 2002) en su página 669 se reproduce la transcripción de una esclarecedora conversación entre responsables del PNV y Herri Batasuna, celebrada el 26 de marzo de 1991. Xavier Arzalluz afirmó ante sus interlocutores radicales: “Nosotros somos los de siempre, nacionalistas. Sin revolución, sin marxismos ni tiros, pero con los mismos objetivos que vosotros. En el futuro, en el País Vasco sólo van a quedar dos fuerzas nacionalistas, el PNV y HB, por lo que habrá que pensar en algún tipo de colaboración”. Es decir. El PNV encarnaría el nacionalismo de siempre; mientras que el MLNV constituiría una suerte de neonacionalismo a causa de sus novedosas incrustaciones ideológicas.

Por otra parte, las organizaciones políticas y entidades de carácter cultural que no renuncian a su identidad marxista, no se reconocen en absoluto, salvo marginales excepciones, con el mundo abertzale; considerándolo, es más, una peligrosa perversión nacionalista, incluso pequeño-burguesa.

En conclusión: el MLNV es, ante todo, una organización nacionalista vasca.

Pero, en este caso, concurre otro factor que también explica, al menos en parte, el relativo éxito social y político del MLNV. Partamos de una premisa previa. No olvidemos que el nacionalismo vasco llamado moderado ha disfrutado –y disfruta- de los recursos derivados del ejercicio de una gran cantidad de competencias políticas de enorme repercusión cultural y económica (Gobierno Vasco, Juntas Forales, entes locales…) Y para ilustrar tales afirmaciones nos limitaremos a remitirnos a las muy conocidas denuncias efectuadas en este sentido, a través de decenas de casos concretos, por el citado matrimonio de periodistas en su libro. Mencionemos un aspecto muy concreto. El PNV ha empleado la euskaldunización de la sociedad como instrumento para la construcción nacional, para configurar una conciencia nacional que buena parte de la población vasca carecía. En el citado libro todo indica que la euskaldunización de la población adulta la ha dejado el PNV en manos de AEK, cuya vinculación con el MLNV es innegable. Y no es el único caso. En consecuencia, el MLNV también se ha servido de espacios legales, beneficiándose de la periferia del poder de algunas instituciones públicas. Por el contrario, el PCE(r)-GRAPO nunca se aproximó en modo alguno a posiciones análogas.
Son dos, por tanto, las causas que han facilitado que la violencia de ETA no quedara ahogada: un movimiento social vivo y potente que se alimenta de una realidad preexistente (el nacionalismo), que no parte de cero; y unas estructuras estatales inhibidas ante su violencia o que, incluso, le ofrecen un espacio propio en la vida pública, posibilitando experimenten nuevas fórmulas de liberación nacional y de construcción social alternativa con cierto amparo normativo.

El PCE(r)–GRAPO, como prototipo de organización marxista–leninista ortodoxa, extremadamente rígida, fue –sigue siéndolo- irrealmente dogmática. No gozó, en ningún momento, de las ventajas de las que se ha beneficiado el MLNV y que le han permitido extenderse y consolidarse: pertenencia a una superior comunidad más amplia, y cierta simbiosis con algunas expresiones del poder público detentado por los afines. No estaba anclado en la periferia de un poderoso partido comunista oficial del que poder alimentarse, sino en la marginación más absoluta, despreciado por un PCE más preocupado en su propia continuidad que por desarrollar un programa revolucionario. Y tampoco encontró tregua alguna por parte de los aparatos del Estado y de los medios de comunicación.

Ambos factores explican las notables diferencias existentes entre las dos organizaciones terroristas, pero que se remiten, en ambos casos, al poder seductor y manipulador de una ideología totalitaria enemiga de la persona; que, en el caso de ETA, cuenta con la sorprendente complicidad de un partido burgués, antaño católico, cuya razón exclusiva de ser es el nacionalismo.

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 70 (mayo) y 71 – 72 (julio – agosto 2003).
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